EL NACIONAL - MIÉRCOLES 20 DE MARZO DE 2002MedicinaLlegó la medicina del futuro Biopsias en una hora gracias al invento de dos venezolanosLos anatomopatólogos Ervin y Harold Essenfeld diseñaron un sistema automatizado de análisis de tejidos y células, que disminuye el tiempo del proceso y los costos; pero, ante todo, reduce la angustia de los pacientes y de sus familiares. El procedimiento ha cambiado la forma de trabajar de los médicos y mejorará la sobrevida de muchos enfermos. En el país se ha usado en más de 150.000 diagnósticos Acianela Montes de Oca
Todo el que ha esperado por el resultado de una biopsia sabe que la incertidumbre –que usualmente dura una semana– provoca una cruel angustia, que es compartida tanto por el paciente y sus familiares como por el médico, quien está consciente de que cuanto más temprano se haga el diagnóstico basado en evidencias, antes se tomarán las decisiones terapéuticas necesarias y mejores serán el tratamiento y la calidad de vida del enfermo. Dos médicos venezolanos, Ervin y Harold Essenfeld, tienen una buena noticia: de ahora en adelante, el tiempo de aguardar por el resultado de las biopsias se acortará, pues desarrollaron un procedimiento que permite obtenerlos en apenas una a dos horas. No se trata de un resultado experimental: el procedimiento fue perfeccionado en trabajo conjunto con una reconocida institución médica universitaria estadounidense, ha sido sometido a numerosas pruebas tanto en Venezuela como en Estados Unidos y, en este momento, es el proceso estándar en el laboratorio Essenfeld, donde se han realizado más de 150 mil biopsias de ese tipo, y en el Jackson Memorial Hospital de la Universidad de Miami. En ese centro de salud se han realizado más de 100.000 biopsias con el procedimiento desarrollado por los Essenfeld, en conjunto con Azorides Morales, jefe del Departamento de Patología del hospital. Las implicaciones del adelanto son numerosas y abarcan diferentes áreas de la medicina: permite hacer diagnósticos precisos más rápidamente (lo cual incide directamente en el tratamiento); puede analizarse un tejido, incluso durante una intervención quirúrgica, lo que podría cambiar el curso de la operación; y determina una estadía más corta en los centros asistenciales, con el consiguiente ahorro. El proceso elimina dos tóxicos importantes (el formol y el xilol), con lo cual se reducen los peligros ambientales. Por lo demás, es posible que se transforme la práctica médica en muchas áreas, e incluso, que cambie la arquitectura hospitalaria; pues, como dice Harold Essenfeld, los laboratorios anatomopatológicos, usualmente ubicados en la azotea o los sótanos, estarán ahora al lado de los quirófanos.
El mayor beneficiado—La meta —explica Ervin Essenfeld— es tener resultados definitivos, incluyendo diagnóstico y factores pronósticos, antes de que un paciente, por ejemplo, abandone la sala de recuperación quirúrgica. De este modo, la planificación del tratamiento y su puesta en marcha podrán iniciarse de inmediato. Al acortarse la estadía del enfermo, se extiende la capacidad operativa del hospital, con lo cual se incrementa su eficiencia. Son indudables el beneficio y el impacto, los cuales redundarán en una atención médica más individualizada. La posibilidad de elaborar diagnósticos tempranos, con el objeto de comenzar lo antes posible los tratamientos, es lo que resulta más atractivo para los médicos venezolanos consultados. María Carolyn Redondo, internista infectólogo del Hospital Universitario de Caracas, asevera que, aunque no conoce en detalle el proceso desarrollado por los Essenfeld, resultaría formidable contar con el resultado de las biopsias en una hora. “Podríamos comenzar las terapias tempranamente, gracias a un diagnóstico basado en evidencia. No tendríamos que esperar semanas para estar seguros de que un paciente tiene determinada patología. Incluso, en centros como el Universitario se podría disminuir la tasa de hospitalización”, dijo. Otro consultado, Rafael Altimari, cirujano de cabeza y cuello del hospital Domingo Luciani, también avizora la posibilidad de tomar decisiones sobre bases más seguras, incluso en medio de una operación: “Pero, además, ¿usted se imagina cuánto dinero podrían ahorrar los pacientes que vienen de la provincia, quienes podrían devolverse el mismo día o en poco tiempo para sus casas, si las biopsias estuvieran listas en una hora?”.
Una historia largaEl desarrollo de este logro tiene larga data. Ervin y Harold Essenfeld, padre e hijo, especialistas en anatomía patológica tratan, desde hace tiempo, de hacer más rápido el proceso de fijación y análisis de tejidos. —Las biopsias, en su procesamiento clásico, implican un método complicado, que se traduce en 15 a 20 pasos, cuya suma de tiempos parciales llega a tomar más de 8 horas e impide emitir un diagnóstico definitivo el mismo día. Hace más de 30 años, se inició en Venezuela la búsqueda de detalles técnicos y mezclas o cocteles de reactivos, que acortaran distancias y tiempos. El paso crucial, explican los Essenfeld, lo constituyó la incorporación del horno de microondas al proceso y la modificación de las soluciones en sus diferentes etapas. Holanda y Australia fueron los primeros países en usar ese artefacto de cocina en el laboratorio. —Pero el método no era reproducible ni confiable, además de ser altamente manual. Por eso no era viable. A partir de allí, se nos ocurrieron nuevas e interesantes ideas. Trabajamos con nuestros limitados recursos (humanos, técnicos, económicos) para lograr un método repetible, confiable y automatizado de procesar las biopsias con el horno de microondas. Lo hacíamos como un reto personal. Después de 4 años de trabajo, en 1995, habían logrado un método rápido, pero era totalmente manual e intensivo, desde el punto de vista de trabajo. “En ese momento comprendimos que teníamos algo valioso desde la óptica científica, pero para que tuviera utilidad comercial (y por tanto, para que se masificara y fuera útil a más pacientes en todo el mundo) debíamos dar el salto a la automatización, lo cual haría realmente viable el procedimiento”, recuerdan. —Ese salto —explica Harold Essenfeld—, además del uso de conocimientos de ingeniería altamente especializada, implicaba lograr una patente con la consiguiente inversión en tiempo, dinero y recursos, y afrontar riesgos de todo tipo. También debíamos verificar que el método fuera reproducible y que se adaptaba a otros medios, incluso más tecnificados que el nuestro. Todo eso obligaba a trabajar con un socio, que comercializara tanto el método como el robot, y a negociar con expertos en robótica, en equipos médicos, en química y, sobre todo, en microondas.
Socio en MiamiEn ese momento, decidieron mostrar el trabajo a la gente del Departamento de Patología del Jackson Memorial Hospital, de la Universidad de Miami, de la cual es egresado Harold Essenfeld. El proceso y el concepto fueron demostrados a Azórides Morales, quien se vino al laboratorio, en Caracas, donde permaneció durante dos días. Lo que vio lo impresionó tanto, que se logró un convenio de confidencialidad y coparticipación, a través de Gary Margulies, de la Oficina de Transferencia de Tecnología de la universidad. El arreglo funcionó y se comenzó a validar y mejorar el procedimiento en Estados Unidos. También, la casa de estudios comenzó los trámites necesarios para adelantar una cobertura de patentes protectoras. —Desde el primer momento —aclaran los médicos— se visualizó la necesidad de transformar lo manual y artesanal en un proceso robótico. Ello se logró con uno de los mejores creativos mundiales del sistema de microondas, Hall Kimrey, de la empresa Microwave Materials and Technology. El prototipo de la máquina robótica fue perfeccionado con mejoras adicionales. La colaboración universitaria con los Essenfeld continuó, con aportes de lado y lado. Ervin Essenfeld se fue a Miami y ayudó a montar un laboratorio de investigación, para llevar adelante lo que, desde el primer momento, se convirtió en uno de los proyectos más promisorios de la Universidad de Miami. Más de un año tardó la construcción del primer robot, el cual se instaló en esa vitrina mundial que es el Jackson Memorial Hospital. Con 100 mil biopsias realizadas con éxito en Miami y con el proceso de patentes en marcha para lograr la cobertura mundial, se finiquitó un arreglo con Sakura Finetek, Inc., empresa japonesa que tiene 112 años de creada y que abarca 60% del mercado de equipos de anatomía patológica en el mundo. Esa compañía hará el modelo más pequeño, más eficiente, más asequible y menos costoso para los usuarios. Actualmente, hay 4 prototipos primarios robóticos que funcionan en Miami. Hace dos meses, se recibió el quinto y último robot prototipo en Venezuela, en el Laboratorio de Anatomía Patológica de la Policlínica Metropolitana, y se puso a punto. Entretanto, el módulo robótico japonés estará listo para mediados de año, y se probará en Miami y Japón para su utilización pública a finales del 2002. —Además —agrega Ervin Essenfeld—, varias organizaciones de control ambiental y fiscalización de laboratorios médicos de Estados Unidos están satisfechas con la exclusión de formalina y xilol, y auguran un futuro promisorio al sistema. Entretanto, lo que a los inventores les resulta más prometedor es que el proceso ideado por ellos permite preservar el ADN y el ARN, para hacer diagnósticos prospectivos y retrospectivos con las muestras incluidas en parafina. Ahora será más viable el desarrollo de una medicina personalizada y que se adelanta a las enfermedades. “Los avances en anatomía patológica en los próximos 10 años versarán sobre nucleoproteínas, ADN, ARN, genoma y cómo influir sobre todo ello para prevenir y curar, cómo decidir tratamientos personalizados y predecir respuestas terapéuticas. Nuestra tecnología abre la puerta para la medicina del futuro”, aseguraron. |